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El mensaje que cambió todo

Hola amigos, es una alegría compartir con ustedes este video que se titula: “¡El mensaje que cambió todo!”

Hoy quiero animar a los pastores y a todos los cristianos, mis hermanos y hermanas a que no duden en hacer un cambio de rumbo, especialmente si se sienten atrapados en un mundo de religiosidad, y si se da cuenta de que ya no avanza en su vida espiritual; y si siente que también está estancado en la iglesia donde se congrega.

La iglesia debe marchar en la dirección correcta. De lo contrario, termina perdiéndose en otras direcciones equivocadas. Nuestro único criterio debe ser el de marchar conforme a la Palabra de Dios.

Demasiadas iglesias caminan en evangelios falsos que las paralizan y que las llevan a equivocarse, alejándolas de la vida del Espíritu, llevando a los fieles por caminos errantes.

Cuando eres pastor, no solo tienes que cuidar de quién eres; también debes velar por el pueblo que Dios te ha confiado y por el cual el Señor Jesús nos hará responsables.

Empecé mi vida cristiana en una misión muerta, sin vida; y extremadamente legalista, en la que los responsables tenían un solo objetivo: enviarme a una escuela bíblica en los Estados Unidos.

Cuando visité esta escuela, vi un letrero junto a la piscina que prohibía usar el trampolín los domingos. Aquello me llamó la atención. Acababa de ver la locura del legalismo que mata, cuando la palabra se aplica sin pensarla.

Estamos llamados a caminar en el Espíritu; esa es la única manera de dejar de lado los deseos de la carne.

Gálatas 5:16: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”

Antes de dejar aquella misión, el director me explicó que aquella obra me había salvado para servir en la misión. Yo le dije que había sido salvo por el sacrificio de Jesucristo y que era a Él a quien quería servir. En aquel momento pensaba en este versículo de Colosenses 2:8: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”.

¡Es en Él en quien debemos estar fundados! Mi objetivo siempre ha sido servir al Señor y darle prioridad en mis decisiones, para tomar este pequeño camino angosto y no el gran camino ancho que nos lleva a la perdición y por el que muchos andan, según nos dice la palabra en Mateo 7:13-14: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

En ese momento cambié de iglesia y encontré una gran iglesia carismática en París, donde fui nombrado como anciano, no por mi fe, sino por algo material: tenía un negocio próspero en aquel entonces. La única manera de poder hablar con el pastor era invitándolo a los grandes restaurantes parisinos. En esta iglesia, todas las corrientes carismáticas marcharon una tras otra, y de 1200 personas, aquella congregación pasó a convertirse en un simple recuerdo, a pesar de que materialmente lo tenía todo. Pero una obsesión por agradar a los hombres y no al Señor terminó destruyendo todo.

Estos fuegos extraños eran solo distracciones humanas para entretener a los participantes. Por desgracia, hoy la iglesia está cerrada, pero el número de hogares, familias rotas y de divorcios, ha hecho que muchas personas regresen al mundo y que se distancien de la verdad del evangelio.

Como dije anteriormente, no somos pastores para velar únicamente por nosotros mismos. Tenemos una responsabilidad y tendremos que dar cuenta ante Dios de cómo hemos cuidado del rebaño que el Señor nos ha confiado y por el cual el Señor Jesús dio su vida. Esto es algo bien serio.

Si hubo algo que cambió mi vida y que me animó a cambiar de dirección, fue el encuentro que tuve con un hombre de Dios. Aunque también he conocido a muchos hombres de Dios en mi vida antes de aquella reunión, como por ejemplo en los Estados Unidos: TL Osbord, Katryn Kulman, Benny Hinn, Demos Shakarian, Billy Graham, Loren Cunningham, Bill Bright, etc.

En Corea, pude pasar tiempo con Youngi Cho. También en Canadá y en Europa compartí con muchos pastores que están actualmente en el ministerio y con otros ya fallecidos, como Jean-Louis Jayet, Jules Thobois, Pierre Truschel, Gaston Ramseyer, Clément Le Cossec, entre otros. En Suecia estuve con el pastor Johny Noer.

Pero sentí que para algunos, su ministerio personal a menudo estaba por encima del plan de Dios.

Pero aquel hombre que conocí en julio de 1987 vino a ayudarme con otro corazón, con otro enfoque que no era el de su propio interés, sino el del Reino de Dios. No estaba tratando de impresionarme con sus logros, sino al contrario, fue humilde y de mucha utilidad, porque estaba interesado en ayudarme a desarrollar mi llamado.

Inmediatamente mi corazón sintió que este era el hombre que Dios me había enviado. Fue un momento como aquel cuando Timoteo se encontraba con el apóstol Pablo en Hechos 16:1-3. Pablo de inmediato había querido llevárselo con él. Algo ocurrió en el Espíritu y en nuestro corazón. Exactamente en mí como en aquel siervo. Y así fue como terminamos viajando juntos a África, a Europa y a muchos otros lugares del mundo. Pero nuestro primer encuentro me marcó, cuando lo invitamos a comer para conocernos. Él estaba interesado en lo que estábamos haciendo y en ese momento yo tenía un negocio audiovisual. Acababa de recibir dos máquinas de Italia para aquella empresa. Pero el manual de uso estaba en inglés, y no podía leer cómo ponerlas en marcha y cómo prepararlas para que funcionen. Entonces él tomó el libro y me dijo: -¡Ve a buscarme la llave inglesa! Enseguida pasó por debajo de la máquina y desmontó las cubiertas protectoras y retiró las partes que impedían que la máquina funcione. Una hora más tarde, las dos máquinas estaban andando sin problemas.

Este pastor había sido ingeniero antes. Dios lo había preparado todo: Desde hacía algún tiempo, el Señor me venía hablando de la vanidad de mi trabajo. Trabajaba para grandes grupos industriales como Gallimard, Hachette, Bordas, Larousse, Les Éditions des Femmes, etc. Era prácticamente un esclavo de mi trabajo.

Recuerdo una semana antes de la llegada de este hombre de Dios. Tuve que trabajar 2 días seguidos de corrido sin descanso porque querían recoger el último pedido el viernes a las 5 de la tarde, para tenerlo listo el lunes a las 9 de la mañana. Estaba todo programado, hasta el camión de remolque. Traté de explicar que era imposible, pero me obligaron a cumplir con ese plazo. Y mientras mis empleados se iban el fin de semana, yo tenía que hacer todo el trabajo por mi cuenta: 100.000 casettes de audio para duplicar, para montar, etiquetar, envolver en celofán y entregar en cajas de 100 piezas. Trabajé solo, día y noche, 48 horas seguidas. El lunes por la mañana, el pedido estaba listo, mis empleados llegaron y quedaban solo algunas pequeñas tareas por hacer. Pero lo peor era que el camión encargado de recogerlos no había llegado. De hecho, se había averiado y al final llegó el miércoles por la noche. Había sacrificado el culto del domingo y nuestro fin de semana en familia por nada. Esto me dejó una tremenda sensación de frustración: ¡me di cuenta de que era un esclavo de los hombres! Sabía que estaba llamado a ser esclavo de Cristo y no de los hombres.

Cuando aquel siervo de Dios me habló, sentí que era el Señor quien me hablaba y que me proponía servir a Jesús. Entonces decidí vender mi negocio y liberarme de este yugo para finalmente seguir a Jesús. De inmediato, sentí que era la decisión de toda mi vida la que tenía en frente de mí: seguir a Jesús o continuar con mis propios proyectos.

Estaba completamente convencido de que este era el plan de Dios para mí y de que el Señor me guiaría. Tenía la convicción de ponerme manos a la obra rápidamente y la primera decisión que tomé fue vender mi negocio, que fue comprado por una empresa más grande que la mía.

Seis meses después dejamos nuestra querida Francia con nuestros tres hijos pequeños. ¡Vivir a once mil kilómetros de nuestra casa para disgusto de mis padres, mis amigos y mi pastor, quien en ese momento pensaba que me había vuelto loco! Estar en un país extranjero nos enseñó mucho, porque nada era como cuando estábamos en casa. Estaba haciendo un gran trabajo en los corazones de cada miembro de mi familia. Rápidamente comprendí que lo principal en la preparación de un ministerio, era un trabajo en el corazón antes que el trabajo académico o la comprensión del griego y del hebreo.

Recordemos que Dios busca primero a los hombres según su corazón. Y que el Señor trata con nuestra carne; por ejemplo en el área del orgullo: con nuestra propia independencia; porque sin Él no podemos hacer nada bueno. Alejados de Dios nuestras obras satisfacen solamente a la carne y morir a nuestra carne es mucho más importante que un hermoso diploma en teología que no cambia nuestro ser interior. Lo que ha cambiado profundamente mi vida y sigue cambiándome día tras día es el mensaje de la predicación de la cruz, que transforma las vidas.

Aquella fue la primera vez que vi a un hombre anteponer los intereses de Dios a los suyos; había vendido su propia casa para comprar un edificio para la iglesia que estaba surgiendo. Y había estado alquilando una pequeña casa para él y su familia. No solo les dijo a los demás que pusieran al Señor en primer lugar en su vida, sino que él primero lo vivió en carne propia.

Por supuesto, había escuchado a buenos predicadores, pero nunca había experimentado este nivel de compromiso con una vida de fe y de confianza en el Señor, y hoy después de caminar con él durante más de 33 años, reconozco que Dios nunca ha abandonado a su siervo; y que este siervo permaneció humilde y al servicio de los más pequeños, y que Dios le concedió grandes cosas a través de su ministerio para servir mejor al Señor. Mis hermanos y hermanas serán los frutos los que tocarán los corazones. Y él es un ejemplo para mí y un gran estímulo.

La Biblia nos dice que la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Para nosotros que somos salvos, para nosotros cristianos, es el poder de Dios”.

Y en Romanos 1:16-17, encontramos: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.

Esta es una gran verdad, la obra de la cruz es para la conversión, pero también para toda nuestra vida cristiana. Porque es el poder de Dios para los que creen. Pero cuidado, hay graves consecuencias para los falsos siervos que injustamente mantienen cautiva la verdad. Es decir, para aquellos que ponen en primer lugar su reino al reino de Dios. No se puede jugar con la obra de Dios.

Este versículo de Romanos 1:18 nos dice: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”.

Esto es serio, hay demasiados hombres de Dios que están construyendo su reino en lugar de edificar el Reino del Señor Jesucristo. Hablan de con cuántas personas comenzaron y a cuantos miles han llegado. Al Señor no le importan los números, lo que le interesa es que sus hijos se tomen en serio su Reino y que pongan en práctica lo que está escrito en: Mateo 16:24-25.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

Muchos cristianos no conocen estos versículos; se los saltan para no sentirse incómodos, porque saben que no los están viviendo. 

Ésta es la clave para una vida verdaderamente cambiada a través de la cual uno puede entender lo que el apóstol Pablo expresa en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

Entonces, ¿quién es responsable por ocultar estos versículos? Primero, es responsabilidad de los pastores, de aquellos que no viven estos versículos y que prometen felicidad y prosperidad a la iglesia. Son falsos pastores. Huya de ellos.

Todos los aspectos de mi vida cambiaron cuando la predicación del evangelio de la cruz llegó a mi corazón: mi vida personal, la de mi esposa, nuestras oraciones, nuestras prioridades en la vida, hemos aprendido a caminar con humildad y poniendo nuestra fe en el hijo de Dios. Nuestra vida familiar ha cambiado, mi relación con mi esposa; comencé a verla como la ayuda que Dios me ha dado; y sobre todo, dejé de intentar querer cambiarla con mi fuerzas y ​​comenzamos a aceptarnos como somos, y a dejar a Dios obrar en nuestros corazones.

Con respecto a los hijos, los respeto y los amo. Yo también doy mi vida por ellos. Tengo paciencia con ellos, y esperé en el Señor, los comencé a escuchar y me humillé a ellos prestando atención a sus reproches. 

Es importante dar una imagen correcta de un padre que busca hacer la voluntad de Dios en todas las áreas.

Nuestra casa también se transformó, en ese momento vivíamos hasta 25 personas bajo un mismo techo. Somos una comunidad donde el Señor se revela a todos y donde todos encuentran su lugar y donde sirven al Señor mientras trabajan fuera o continúan sus estudios. Hoy tuvimos que volver a la vida normal considerando nuestra edad de 71 años para mí, y de 73 años para mi esposa.

El Señor también trabajó en mi vida empresarial; me resultó muy difícil dejar los negocios, eso era más fuerte que yo y tuve que clamar al Señor para que me hiciera libre; y eso me llevó a la quiebra de una de mis empresas. Ha sido una bendición porque me he vuelto libre.

También ha cambiado mi concepción de la iglesia, nuestra relación con los otros pastores con aquellos con los que trabajamos ha cambiado mucho. Antes de conocer este evangelio, después de 6 meses, no podíamos soportarnos y después de un año, tuvimos que separarnos.

Ahora con el evangelio de la predicación de la cruz, trabajamos en conjunto con 4 iglesias, hablamos con sinceridad y nos humillamos las veces que sea necesario; y cada uno de nosotros está dispuesto a reconocer sus respectivos errores, a perdonarnos entre nosotros mismos y a servir en un mismo espíritu para la gloria del Señor Jesús. Trabajamos juntos desde 1989, es decir, desde hace 32 años.

El contacto con los otros pastores que nos rodean también ha cambiado mucho: ahora buscamos relaciones de corazón y ya no de denominación o de superioridad haciendo comparaciones de números, dignas de bebés espirituales.

Con los hermanos y hermanas de la iglesia donde se rompieron algunas barreras, estamos juntos a los pies del Señor para buscar su vida y su obra en nuestros corazones; para morir a nosotros mismos, y para ser transformados incesantemente por Él y para Él.

¿Cómo ocurrió esto?: después de nuestra primera reunión en julio de 1987, nos mudamos a las Islas Mauricio y permanecimos allí durante 13 meses. El Evangelio cambió gradualmente nuestras vidas. Al principio, éramos como bebés espirituales, preocupados por todo, quejándonos de todas las situaciones que vivíamos; hasta que luego comenzamos a confiar en el Señor Jesús en aquellas adversidades, sabiendo que nuestra vida estaba en sus manos. Finalmente hemos crecido poco a poco y seguimos haciéndolo día a día.

Filipenses 3:12, dice: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”. Ese es nuestro objetivo; el de ser cautivados cada vez más por Jesucristo. Para que yo disminuya y para que Cristo sea exaltado en mí.

En conclusión, no quiero decirte que soy mejor que los demás; claro que no. Es solo la gracia de Dios la que me ha revelado su Evangelio, solo Su gracia. Y quiero animarlos pastores, hermanos, hermanas a cuestionarse a sí mismos, y a comprender que no es la progresión numérica lo que cuenta a los ojos del Señor, si no que es la progresión de la revelación del Espíritu de Dios en nuestros corazones lo que da frutos para la gloria de Dios, y que esto ocurre primero en nuestra vida personal como pastores. Porque antes de tratar con la oveja que Dios te ha confiado, deberás como pastor morir a tí mismo y servir al Señor Jesús en espíritu y para Su gloria.

El apóstol Pablo expresa esto en 2 Corintios 4:12: “Así que la muerte actúa en nosotros (los pastores) y en vosotros la vida (los hermanos y hermanas)”.

Hermanos y hermanas, realmente quiero animarlos a ustedes y a los pastores a que den más de su vida al Señor. Muere a ti mismo y sigue al Señor.

Y para terminar, me gustaría parafrasear Mateo 16:23-24.

Esto es lo que escribí: Durante mucho tiempo esperé que el Señor Jesús cambiara mi vida, pero ahora sé que en la cruz ya lo hizo; y que basta que yo renuncie a mí mismo, que tome mi cruz y que lo siga. Dios me ha estado esperando durante mucho tiempo y te está esperando a ti. Abre tu corazón a su gracia, búscalo, y Él se revelará a ti.

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¡Y que el Señor te bendiga! ¡Hasta pronto!

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